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¿Cómo restablecer el orden cuando el vaso está quebrado?

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¿Armar las piezas poco a poco? ¿Botar la basura esparcida en el suelo? ¿Secar el piso?  

No lo sé. Nadie puede darles una receta de cómo retomar la vida, porque estamos hablando de la vida, después de un desastre emocional. Tal vez sea lo mejor hacer una introspección…. Una especie de “locura natural” y hacer yoga, para aclarar el alma, para mejorar el estado físico, para mejorar tu deteriorado karma. 

O algo un poco más tradicional y destrozarte las nalgas a puro trote. Si las endorfinas son buenas aliadas, pero el problema es cuando el sudor ha pasado, cuando se hace de noche y piensas, piensas y no puedes tranquilizar tu alma. 

Zaz…. Touche.

O lo peor es cuando evades el problema, y te ahogas literalmente en un vaso, tu mejor amigo es el ron habana, no puedes dormirte sin un cigarro y tu cuerpo termina destrozado. 

Casi tanto como tu integridad. 

Voltéate cabrita. 

Sí. Mira al lado.

El vecino rugoso e impotente esta peor que tú. Míralo te darás cuenta que tu vida es disneylandia. Qué Ellen no es un icono tan feo y que el puto closet es solo para guardar ropa, mira a tu vecina fleta amiga, esa que le toca el poto a un maniquí en patronato por es lo único que puede tocar en mucho tiempo.

¿Ves? Nada es tan malo. Sólo deja que vaso vuelva solito





La dicotomia de la inconsecuencia inconsecuente

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Al final dijo desconocer el tema
Al salir Rodrigo, le dijo a Marcia que debían ir donde un joven el cual era aficionado al estudio de los mo­vimientos telúricos pero el cual no quería revelar su nombre.

“Creo que ella no debe ir, si no capaz que se nos caiga la fuente” Le dijo a Marcia.
Indicando claramente que Camila, no debía ir.
Marcia se acercó a Camila, y le dijo que ella debía ir con Rodrigo a hablar con una fuente no oficial, la cual claramente había estipulado solo reunirse con el fotó­grafo y la periodista.

“Tu estas cansada, y debo ir yo con él” le dijo tomán­dole la mano.

Camila, asintió más por cansancio, que por ganas.
Se despidió y se fue al hotel.

Cuando Camila, llegó al hotel recibió un mensaje urgen­te de Santiago.

Paula, había tenido un accidente.

Inmediatamente, partió para conseguir pasajes a la capital.
Hablo con el Helena, y después con Antonio, y les explico que sólo iría a Santiago, por máximo un par de días.

Antonio, aceptó a regañadientes.

Volvió al hotel a buscar sus cosas y Marcia con Rodri­go, no habían llegado. Tampoco contestaban los celulares.

Dejo, una nota.

“Tuve que devolverme urgente por un problema fami­liar a Santiago. Vuelvo en un par de días. Camila.”
Pesco todas las cosas.
Sin embargo, con el apuro se le quedó el celular en la mesa de noche.
Marcia y Rodrigo llegaron al lugar que los citaron.

Juan, parecía preocupado con la reunión. Muy nervioso con la presencia del fotógrafo aclaro que no quería que le sacaran fotografías.

“Sólo me acompaña” le dijo Marcia.

OK. Dijo Juan entonces pasen.

Prendió un cigarrillo.
“Hay una teoría que dice que los temblores son por causas de la falla de la placa sudamericana” Dijo a quemarropa antes que Rodrigo o Marcia se sentaran.
Marcia había escuchado sobre eso.
No se sorprendió mayormente.
Sin embargo, nosotros sabemos que es por otra cosa.

“Es un caso de sismicidad por vulcanismo subterráneo, lo más probable es que haya un volcán naciendo” Le dijo Juan mirando a los ojos a Marcia.

¿Qué implica eso?, preguntó Marcia.
“Que haya un enjambre sísmico y temblores durante unos seis meses. Ninguno, mayor a los cinco grados.”

¿Si esto es así por que estas tan nervioso?, preguntó Rodrigo.

“No quiero que la noticia salga en un tono sensaciona­lista, ojala no se asuste a la gente”.
“No te preocupes” le dijo Marcia.
“Quiero informarla, lo más correctamente posible”.
Dicho esto se despidieron. Rodrigo aprovecho el estar solo con Marcia, para insistir de nuevo sobre el tema de volver juntos.
Marcia, le dijo que eso no era posible.

¿Por qué? Le insistió Rodrigo.
“Ya se lo qué quiero. Se donde va la micro, no va conti­go… ni con ningún hombre” le dijo Marcia a quemarro­pa.
¿Quién es? Le dijo enojado.
“Nadie”, le dijo Marcia.

Para Rodrigo, todo ahora encajaba.
Volvieron al hotel y vieron la nota de Camila.
Rodrigo estaba observando la reacción de Marcia, vio como sus ojos pardos oscurecieron al leer el papel.

Se quedó callado.
Sin embargo, ya tenía todos los cabos sueltos atados.

Camila, llegó a su departamento en Santiago, y llamó inmediatamente a Antonia.
Antonia, le dijo que Paula había tenido un accidente automovilístico y ya estaba estable.

“Estaba embarazada y perdió el niño” Le dijo Antonia.
Camila entristeció enormemente.

“En que clínica está” preguntó con un hilo en la gar­ganta.

En la clínica alemana” Le dijo Antonia.
Cortó el teléfono y se fue en taxi.
En la clínica todo era un caos. Prácticamente gritando tuvo que decirle a la recepcionista que buscaba a Paula Ríos.

“Habitación 404” dijo con voz de pito.

Llegó, hasta el cuarto piso Camila y suspiro cuando golpeó la puerta. Con cara de trasero recibió Paula a Camila.

Le dolía todo.
Pero principalmente le dolía el alma.

“Estaba embarazada” le dijo llorando a penas vio a Camila.
“No te conté por qué él me dejó” le dijo llorando Pau­la.
“Y ahora que tuve el accidente quiere volver”

Camila se acerco a Paula y la abrazó. Quería contarle lo que le había pasado con Marcia y las dudas que le inundaban la cabeza.

Quería decirle que tal vez por fin se estaba enamorando realmente.

“No te enamores nunca, Camila. El amor es un senti­miento que lo único que hace es que tengamos actitudes egoístas” le dijo con rabia Paula.

Camila no le contó sobre Marcia.

Y se quedó pensativa.
Habían pasado dos días desde que Camila se fue de Puerto Chacabuco.
Su partida estaba vinculada con un halo de misterio.

Se había largado y no contestaba el teléfono.
Sin embargo, Helena le había contado que había habla­do con ella antes de partir. Su corazón esperaba con ansias el poder hablar con ella.
Camila llegó al hotel temprano estaba nerviosa.
Fue y dejó la maleta.

Habló con Rodrigo sobre lo que le había dicho la fuente no oficial, entendiendo que se tenía que ser cauteloso.

Sin embargo, Rodrigo no quería hablar de eso.

La cortó en seco después de decirle lo elemental sobre la reunión. “Tengo que hablar contigo, Camila” le dijo serio.
“Es sobre Marcia”. Camila suspiró y le dijo en tono como si no entendiera la razón. Si podía ser en la noche, ya que ahora recién había llegado.

“OK” le dijo.

“Tengo que subir a la habitación” le dijo Camila.
Rodrigo en un tono desafiante y totalmente celoso llamo por celular a Marcia diciéndole que había llegado Ca­mila: “Y ni siquiera te aviso” agregó totalmente cegado por la rabia.

Marcia, salió de la habitación rumbo a la de Camila.
Marcia con el alma en vilo, vio como Camila le habría la puerta.

“Hola” le dijo dándole un beso rápido en la boca.
“Pasa” le dijo Camila.
Marcia entro y le preguntó a Camila si era muy grave lo que había pasado. “Mi mejor amiga tuvo un accidente automovilístico.

Estaba embarazada y perdió el bebé.”

“Qué mala” Le dijo Marcia, acercándose peligrosamen­te a Camila.
Ésta la evitó, bajó los ojos tratando de no dejarse lle­var y dijo: “ Lo que pasó esa noche… fue producto del alcohol”

“Yo lo siento mucho…
De verdad
… si pensaste otra cosa”

A Marcia, se le destrozó el corazón.

Salió, como alma que lleva el diablo de la habitación.

Se encerró y estuvo llorando como Magdalena toda la noche, maldiciendo lo que había pasado.
Al escuchar el golpe de la puerta y ver a Marcia yén­dose de allí, Camila bajo la cabeza y no pudo evitar ver como sus lagrimas llegaban lentamente a la alfombra.
Sentía un dolor inmenso, pero pensaba que era lo mejor.
Tener el corazón como piedra y no sentir nada por nada.





La dicotomia de la inconsecuencia consecuente

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Estuvieron un poco más de dos horas y en el fondo no lograron sacar más allá de la
información oficial.

Al salir Rodrigo le preguntó a Marcia, si podía recorrer el lugar junto con ella, para así poder recopilar fotogra­fías para el trabajo.
Camila, seguía callada.
Marcia, se dio vuelta y le preguntó “¿Tú quieres ir?”
Camila, rió en señal de aprobación.

Partieron hacia la espesura del bosque aprovechando los últimos atisbos veraniegos de comienzos de abril. Rodrigo, estaba fascinado con las posibilidades fotográ­ficas del lugar así que en un momento se alejo.

En ese instante, Camila y Marcia aprovecharon de Char­lar un rato. Marcia, le preguntó acerca de cómo veía las proyecciones del reportaje. Y Camila, contestó como al azar, qué bien. En el fondo, todavía no lo había analiza­do en profundidad.

“No te incomoda estar con él” preguntó inquisitiva­mente Camila, saliéndose de toda regla.

“Mucho” contestó Marcia, la cual no parecía molestarse en absoluto ante la pregunta de Camila.

Al rato, llegaron al hotel.

Al rededor de las nueve a Marcia, le dio algo de ham­bre, así que iba a bajar al bar, así aprovechaba también de tomar algo para relajar la mente.
Cuando de repente comenzó a temblar.
Rápidamente, salio de la habitación.

Y vio la de Camila. Llevada más por la desesperación que la cordura, golpeó la puerta. Camila, le abrió y vio a Marcia pálida.

¿Qué te pasó mujer? Le preguntó.
“Los temblores me dan miedo” le dijo Marcia ponién­dose colorada.
“Pasa y siéntate” le dijo Camila.
“Fue al mini bar y sacó una cerveza” Tomate un trago le dijo.

Marcia obedeció.
Poco a poco al verla así tan desvalida, Camila se fue acercando a Marcia hasta quedar prácticamente al lado.
“Tanto le temes” preguntó suavemente Camila.
“Si es que tuve una mala experiencia” le dijo Marcia más calmada.
“Bueno, ya no te molesto” más le dijo parándose.
Camila le tapó el paso. “No te vayas” parecía mas una suplica. “La verdad es que no tengo mucho sueño, con­versemos un rato” dijo.
Marcia se volvió a sentar. Camila estaba nerviosa. Fue al mini bar y sacó una cerveza. Se sentó junto a ella.
Conversaron largo rato, las dos necesitaban compañía y era evidente que congeniaban. Se tomaron un par de cervezas cada una y se relajó el tema de conversación.


Marcia, siempre más pausada en tomar decisiones poco a poco se fue acercando más a Camila.
Fue algo impensado se dio naturalmente a medida que avanzaba la conversación. De pronto, quedaron mirándose, Marcia enrojeció y Camila mordió su labio y comenzó a hablar nerviosa.
Acariciando un cabello de Marcia, acerco aún más su cuerpo hasta casi sentir su respiración.
Sintiendo como le flaqueaban las piernas y se le acelera­ba el corazón junto fuerzas para decirle a Marcia, lo que sentía.

“Me gustas…

Me gustas mucho…

(Suspiró)

Creo que me estas, confundiendo la mente” Le dijo Camila, mirándola directamente a los ojos y después bajando la cabeza.

Sabía, que había ido muy lejos.

Marcia, la atajó suavemente antes que Camila se parara de forma brusca y torpe , y le tomó la mano. Con el otro brazo, le acomodó el pelo caia sobre el rostro, bajando suavemente la mano hasta llegar a la barbilla.

Fue entonces, cuando cerró los ojos y se acerco hasta rozar los labios de Camila, la cual no resistió más y le devolvió el gesto con un beso.

“La adrenalina recorría todo su cuerpo, sintiendo cada célula de su ser. Su corazón brioso dejo de latir un ins­tante. La habían despertado del sueño en que el dragón la había convertido en piedra. Fue solo un momento, sin embargo llevaba toda una vida esperándolo”

Durante un lapso, continuaron besándose extasiadas, las dudas de las dos estaba aclaradas. Esa era su verdad.
Se separaron un momento, sin saber ninguna que decir. Camila, enredo su dedo meñique entre el de Marcia jugueteando, riéndose como una niña.
La verdad era que de cierta forma lo era a pesar de los 28 años.

A pesar, de ser un genio en el diseño. Era completamen­te infantil a la hora de entablar una relación.

Completamente, desvalida.
Volvieron a besarse. La verdad es que ninguna de las dos se atrevía a seguir más allá. Ya que existía premura, sobre lo que iba a pasar.

Sin embargo, el deseo contenido les decía otra cosa. Estaban envaradas, la una con la otra.
Tratando torpemente de calmar las urgencias del cuerpo.
Marcia se alejo un poco y le dijo tiernamente: “Tu tam­bién me gustas, mucho”.
Estuvieron largo tiempo abrazadas conversando has­ta que se dio cuenta Marcia, que eran las cuatro de la mañana.
En el umbral de la puerta, la dejó.
Camila se acostó y se puso a mirar el techo.
Cuando los fantasmas del miedo, la acosaron.
Entro en pánico.

Temprano en la mañana, sonó el teléfono de Marcia era Rodrigo. “Hola Marcia, oye a qué hora era la reunión con el vulcanólogo”
“A las nueve y media” dijo Marcia, todavía atontada con la noche anterior.
Marcia, son las ocho y media.

“Merdé”, pronuncio y cortó, el auricular.

Camila, al contrario de Marcia, se había despertado temprano y salió a caminar. Marcia, después de bañar­se y vestirse salio en su búsqueda. Sin embargo, no la encontró en la pieza, ni en el lobby.

Marcia, bajó y se junto con Rodrigo. Cuando llego Ca­mila, con un café en la mano y con claras muestras de que no había dormido mucho.

Se acercó y saludo con ademán. Marcia, la miro a los ojos y le sonrió.

Camila, había despejado algunas dudas en su mente.
Y por lo menos había llegado a la conclusión, de que no debía mezclar el trabajo con el placer.
Durante el camino hizo una serie de anotaciones, total­mente concentrada.
Cuando llegaron donde el vulcanólogo, Marcia hizo las preguntas de rigor. Tratando de llegar claramente, al punto sobre la posibilidad de actividad volcánica en la zona. El hombre no descartó la posibilidad, sin embargo fue evasivo.
Camila sería le pregunto, si existía algún peligro con la hidroeléctrica.

El hombre se quedó callado.





La dicotomia de la inconsecuencia consecuente

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Camila, recordó rápidamente una vez que terminó bailando regatón en una mesa y todos sus amigos, sor¬prendidos ya que ella, no bailaba nunca.
Marcia la sacó del recuerdo: ¿Qué tiene de malo eso?
“Nada, pero me gusta, tener siempre el control de la situación”
Marcia, le pareció fría y calculadora la actitud de Cami¬la. Sin embargo, había algo en ella, que hacia que no le pudiera caer mal.
“¿Tienes novio, estas casada?” le preguntó, Camila con la boca llena.
“No, termine hace 6 meses” le contestó melancólica, Marcia.
“Pucha, que mala onda”, le dijo Camila.
“No, ya estoy bien” Le dijo Marcia, tratando de reírse. Como le explicaba a ella, el por qué, de su situación.
“A mi me patearon hace dos meses” Camila, siguió hablando con la boca llena. Tomó, un sorbo del trago. Y dijo: “Hombres”
“Si, hombres” Marcia, con la mirada perdida.
Hubo un segundo de incomodidad, el cual se quebró con la llegada del mesero.
Las dos respiraron aliviadas.
Siguieron conversando y cada minuto se interesaban más, la una a la otra. Camila hablaba rápido y de forma gesticulosa, cosa que rara vez hacía pero que cuando ocurría solía, acaparar la atención de su receptor. Hasta que en un lapso, Marcia, se quedo mirando fijamente los ojos de Camila, esta bajo rápidamente la mirada y se puso colorada.
“Creo que es tarde y mañana llega el fotógrafo” dijo.
“Si” le contestó, Marcia.
Cada una, se fue a su habitación.

María derrumba mi rumba: (La mano ajena)
Primera estrofa:
Rostro de rosa pálida de follaje tierno,
el embrujo de tus ojos me ha nublado el cielo.
Candil
en tu seno se extinguió mi voz
morí
en tus pétalos de ciruela flor.
“La habitación era gigante. Las cortinas volaban y volaban, Marcia trataba de cerrar las ventanas pero no podía. Las paredes azules eran inmensas.
Los pasillos eran inmensos.
Trató de huir de esa casa, sin embargo no podía. Nunca podía salir de allí.
Siempre en estaba en esa casa tan gélida, tan fría”

En la mañana Camila bajo temprano, se veía radiante a pesar del clima gélido. Pidió algo de desayuno liviano cuando recibió una llamada telefónica avisándole que el fotógrafo llegaría, más temprano de lo acordado. Pen¬só en no molestar a Marcia y ella hablar con el gráfico explicándole donde tenían que ir.
Marcia, se levantó tarde no había dormido bien. A veces los malos sueños la atormentaban.
Miro la hora y no estaba atrasada. Se baño rápido y bajo al lobby del hotel. Allí vio a Camila conversando con un hombre. Se acercó y este se dio vuelta a saludarla.
Era Rodrigo.
“Hola, ¿cómo estás?” le dijo mirando directamente a los ojos pardos de Marcia.
“Bien” Contestó con desden Marcia.
Camila se dio cuenta de la situación incomoda y se aho¬rró las presentaciones guardando silencio.
“Bueno, a las diez y media hay que ir a hablar con el geólogo” dijo Marcia.
“Dejo mi mochila en la habitación y bajo” dijo Rodri¬go.
El moreno se marcho. En ese momento Camila, aprove¬chó para preguntar lo ya obvio.
“Lo conoces”
“Si es mi ex” Dijo Marcia, mordiéndose el labio.
Camila, se volvió a quedar callada. Sin embargo, la invadió un sentimiento que hace demasiado tiempo no sentía.
Su rictus, se puso severo.
Definitivamente, estaba sintiendo celos.

Las dos callaron, y se sentaron a esperar que llegue Rodrigo.
Marcia, se tomó un café mientras que Camila leía la prensa local:

ALARMA EN REGIÓN DE AISÉN: 4 TEMBLORES EN 30’
Uno de los temblores, que se registraron en un lapso de 30 minutos, alcanzó los cinco grados en la escala de Mercalli. En sólo media hora, los habitantes de Aysén enfrentaron cuatro sismos de importancia, según Onemi.
El primer temblor a las 06:25 horas tuvo una intensidad de dos grados en la escala de Mercalli en Puerto Aysén y Puerto Chacabuco. Tres minutos después, se cons¬tató otro evento, de idénticas características. Luego, a las 06:35 horas, Puerto Aysén y Puerto Chacabuco un nuevo temblor, esta vez de tres grados en la escala de Mercalli.
El cuarto y más importante movimiento telúrico se registró a las 06:55 horas [10:55 GMT], cuando las citadas ciudades fueron sacudidas por un sismo de cinco grados Mercalli, que alcanzó los cuatro grados en Co¬yhaique. Ninguno de los eventos provocó daños perso¬nales o materiales.

Se dio cuenta que este, no sería un trabajo fácil. “Nunca lo eran”.
Se juntaron en la salida del hotel y Marcia les dijo, “Va¬mos a Puerto Chacabuco.”
En el auto, el silencio era gélido, cada uno estaba abstraído en su mundo. Camila veía el paisaje, pero solamente como imágenes sin sentido. En su cabeza tra¬taba de analizar sus sentimientos recientes, y el miedo profundo que le daban.
Marcia, evadía su encuentro con Rodrigo, anotando varias veces una infinita batería de preguntas para el geólogo. El más relajado en apariencia, parecía ser Rodrigo.
Su cabeza rondaban, las razones por que había termina¬do con Marcia. Tratándose de explicarlas. Pensaba, tal vez que sí ella estaba sola tendría una oportunidad.
Camila, vio por la ventana las señales de una represa. “Central Hidroeléctrica Río Cuervo”.
Un escalofrió, le recorrió el cuerpo.
Volvió a sentir un presentimiento que éste, no sería un viaje cualquiera.
Llegaron a Puerto Chacabuco. El frió paisaje contras¬taba con la amabilidad de su gente. Llegaron en donde estaba trabajando el geólogo, quien vio a Marcia y la saludó con ademán.
Mark, era un hombre de muchos conocimientos pero poca facilidad de palabra.




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CAPÍTULO 2

INCONSECUENCIAS

“Saber que no se escribe para el otro, saber que esas cosas que voy a escribir no me harán jamás amar por quien amo, saber que la escritura no com­pensa nada, no sublima nada, que es precisamente ahí donde no estás; tal es el comienzo de la escritura.”

(Roland Barthes)


No hablaron mucho en el viaje, solo un poco sobre la cotidianidad, en el fondo nada profundo, nada compro­metedor.

Al bajarse del avión en Coyhaique, Camila quedó asombrada por la naturaleza. La patagonia, simplemente la abrumó. No habló nada, durante todo el camino, y tal como un niño pequeño, se colgó por la ventana para contemplar el bosque, oler la vegetación y más, aún contemplar el clima milenario.

Árboles, cerros cubiertos de nieve, y el fiordo con aguas calmas, le llegó al alma. Era como estar en otro planeta, en otro tiempo. Inmediatamente su acelerada alma, se tranquilizó.

Ella, acostumbrada a la selva de cemento en Santiago, y al eterno “vació” del extremo norte, sucumbió ante tan­ta belleza preguntándole al chofer, todo absolutamente todo, sobre el paisaje que observaban.

Marcia, la miraba atenta, hace mucho tiempo que al­guien, no la desconcertaba tanto.

Camila, a simple vista parecía toda una adulta con­troladora, adaptada 100% a las exigencias del mundo competitivo. Sin embargo, la Camila que veía ahora le parecía frágil, y hasta inocente.

Camila, enrojeció al darse cuenta que Marcia la obser­vaba.

Giró la cara y cambio el tema.

“Bueno… bueno” le dijo cambiando totalmente su semblante.

“El itinerario, será que me digas cuales fueron tus fuen­tes, si existen nuevas y eso rutina. Ahh, y mañana llega el gráfico.”

Marcia apretó los dientes, si algo no le gustaba era que se metieran con su trabajo en una forma tan descarada.

“Ósea, tu serás mi editora, ahora”

Camila, dio sé cuenta que Marcia, se molestó.

En vano trató de bajarle el perfil a la conversación.

“No es para tanto”, dijo.

“Cómo qué no, te estás metiendo en mi forma de tra­bajar.. ósea yo entiendo que estás trabajando conjunta­mente con la revista, pero yo no me meto en tus dise­ños,” vociferó Marcia.

“OK” dijo Camila, y se dio que lo último que dijo fue para peor y que había metido aún más la pata.

No se hablaron, hasta llegar al hotel.

Las asperezas habían vuelto.

Cada una agarro su maleta y las llaves de su dormitorio, estaban en el mismo piso, no obstante tomaron distintos ascensores.

Camila, arregló su ropa y se recostó.

Mientras, Marcia, pasó directamente a darse un baño de tina, necesitaba relajarse el trabajo y ahora Camila, definitivamente, la estaban estresando.

Pasó como una hora y media. Sin embargo, Camila no pudo conciliar el sueño, se sintió culpable de haber tratado mal a Marcia, pensó que su forma violenta y directa de ser, lo único que lograba era alejar a la gente.

Miró el teléfono y dijo “No pasa nada, como le voy a dar tanta importancia. Total es sólo una semana” Vol­vió a mirar el teléfono, está vez lo tomó, y le dijo a la operadora “Comuníqueme con la habitación de Marcia López por favor”.

Marcia, se estaba secando el pelo cuando sonó el auri­cular. Tiene un llamado del la habitación 303 le dijeron. Marcia, de mala gana atendió el llamado.

“Si” dijo.

“Marcia, soy Camila”

“Si sé, qué quieres” dijo firme Marcia.

“Mira se que fui media mala onda, quisiera que me disculparas”

Marcia no respondió. Camila se apuro en decir. “Oye, te invito un trago, qué te parece total mañana el fotógrafo llega a las 10”

Marcia, pensó un segundo y contestó “Bueno, en media hora más bajo”

Cortó, el teléfono.

Camila busco unos jeans tipo repollo, lo convino con unas botas cafés y se puso su mejor yérsey. Marcia se puso algo un poco más relajado. Unos pantalones cuadrilles, una blusa sugerente y su infaltable pañuelo al cuello. Se tomó el pelo con una moña. Se veía mucho más ordenada de lo usual era como si se hubieren inver­tido los papeles.

Camila relajada.

Marcia más seria.

A la media hora exacta bajo Marcia. Por mientras Cami­la bajaba se puso a ver una exposición que había en el lobby del hotel.

A Camila,le costó un rato reconocer a Marcia, el pelo tomado le acentuaba los rasgos y las pecas.

“Están bonitas, las reproducciones de Roberto Matta” dijo Camila, tratando de desviar la mirada.

“Sí” dijo Marcia.
“Son copias de serigrafía” dijo, Camila.
“Me gusta el surrealismo, pero no lo entiendo” le dijo Marcia.
“No hay que entenderlo, solo verlo y sentirlo” le dijo Camila. Dándose cuenta, que le empezaba a coquetear peligrosamente a Marcia.

Camila, se apuró y le dijo “vamos”.
Se marcharon al bar del hotel.
Veo que te gusta el arte, le dijo Marcia a Camila. “Bue­no, soy diseñadora, no solo hago monitos” dijo riéndo­se Camila. “La verdad es que también soy licenciada en Arte, claro que nunca he ejercido esa parte.”
Marcia, prestaba con atención a lo que le contaba Cami­la.

Sobre sus estudios, como se arrancaba a ver las ex­posiciones, aunque no tuviera mucho tiempo. En un lapso, pareció engatusada por los ojos azules de Cami­la. Tenían algo extraño, como si nunca supieras lo que estaban pensando.

En todo caso, Marcia siempre estaba atenta a una conversación interesante. Pensaba fehacientemente que toda persona, tenía algo interesante que contar. Sabía prestar oídos, era algo que le había dado el ejercicio de su profesión.
Camila, terminó por contarle que tenía 28 años. ¿Y tú qué edad tienes? Le preguntó a Marcia.

“26” le contestó la castaña.
“¿Siempre quisiste ser periodista?”

“A mi me gustaba escribir. Era la única posibilidad para estudiar algo relacionado. No soy de Santiago.”
“¿De donde eres?”
“De La Serena, pero he vivido en muchos lados” con­testó nostálgicamente Marcia.

“Yo viví un mucho tiempo en Iquique, es bonito”

“Eso dicen” contestó, aún más nostálgica.
Camila, se dio cuenta que tendría que tendría que cambiar el tema. Sin embargo, no sabía de que hablar. Marcia parecía absorta en sus pensamientos.

“Marcia quieres otro trago” fue lo primero que se le vino decir a la mente. “Un ron con coca - cola, por favor” Dijo Marcia vol­viendo a la conversación.

“La gente esta alarmada, Camila...
Existe mucha desinformación y los medios locales solo incentivan el tema.” Dirigiendo la conversación hacia la parte laboral.
“Entonces estamos en una postura similar” Le dijo Camila.
“Puede ser, claro que lo que me preocupa es, si acaso esa idea alarmista, no este errónea”.
¿Cómo? Preguntó, Camila.
“Y si los temblores, son el preludio de algo más grave. Ósea los geólogos dicen que es la actividad normal cuando existen volcanes cerca de entrar en actividad, pero si no es eso.”
“No lo creo” contestó, Camila.
“Siempre le bajas el perfil a las cosas” Le dijo Marcia
“Y tú, ¿Siempre te preocupas tanto?” le dijo con una sonrisa, Camila.
En ese minuto, llegó el mesero con el pedido. “Vaya, vaya ya era hora” dijo Camila.
Camila se puso a mirar el vaso de Marcia.
“Te engatusó el ron con coca - cola” Bromeó Marcia.
“No me acorde que yo, antes tomaba siempre ese tra­go”. Le dijo Camila.
“¿Y ahora por qué no?” le preguntó curiosa Marcia.
“Me hace perder el control de mi mente, hace que me relaje y me desinhiba”






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Sin embargo, Antonia cada vez que podía jugaba con la ambigüedad, una ambigüedad que enervaba a Camila, siendo que Antonia, estaba a punto de casarse.
Algunas veces, esto ponía nerviosa a Camila.
Llegó a su casa y se bajó del auto. “Hola,” les dijo.

“Hola, Camila,” le dijo Antonia.
Y se acercó a darle un abraso a Camila, quedándose en­ganchado la pulsera de Camila en la camisa de Antonia.

“Mira, ya quedamos enganchadas” dijo Antonia.
Camila, contestó sería como siempre. “Qué compraste” mirando a Paula.

“Carne mongoliana, no sé, menú para tres.”
“¿Y tú cómo estás?” le preguntó a Antonia.
Me casó. En Abril” Dijo Antonia.

“Bacán” dijo Camila sin darle mayor asunto, ya cono­cía bastante a Antonia. Liberal al peo, pensó. Antonia, pregonaba el hecho de haberse metido con mujeres.
Sin embargo, era pura pantalla.

Al final era tan tradicionalista, como hipócrita.

“Y tú pololo”
le preguntó a Camila, Antonia.
“Terminamos hace 2 meses… diferencias irreconcilia­bles.”
Rió, Camila haciendo un chiste ante la incomoda pregunta.

¿Qué pasó? Volvió a insistir Antonia.

“Me acuso (admitir) de ser témpano de hielo” Dijo Ca­mila comiendo un Wantan.

“Tú, y tus frases rebuscadas... ¿Cuando vas a ser cómo los demás mortales”. Cambio el tema, Paula moviendo la cabeza.

“El dragón, me convirtió el corazón en piedra” murmu­ró para sí, Camila.

Camila se quedo absorta un segundo en sus pensamien­tos:

“Cuenta la leyenda celta que un hombre en tiempos lejanos, se bañó con la sangre de un dragón.

Llegando a obtener fuerza sobre humana, y ser inmor­tal.

Sólo, había un pequeño inconveniente en la gran haza­ña de Sigfrido. Al bañarse con la sangre del dragón, una hoja cayó sobre su espalda, impidiendo que la sangre del animal, muerto tan trágicamente, lo bañara completamente.”

Ese sería su talón de Aquiles, su punto débil. Sin em­bargo, sería completamente fuerte y lograría cualquier propósito en su vida.

“Cuenta la leyenda... después con los años, que ese ser se volvió arrogante y pretencioso.

Tanto que por obtener más de la cuenta sufrió la maldi­ción del Anillo del Nibelungo; Renegar del amor, y no poder, obtenerlo para siempre”.

“A veces, creo que la cagué en hacerme ese tatuaje. Debo de deja de escuchar ópera. “Dijo sin pensar, en voz alta.

“Bueno, entremos a la casa” se apresuró en decir.

Tomando las bolsas de las manos de Paula.

Paula la atajo, y le dijo: “Dicen los sabios, que cuando se toma algo prestado de una historia, está se vuelve parte de uno.

Siempre que uno, sepa qué cosa tomar de la historia”. Dicho esto Paula, entró a la casa de Camila, quien pen­sativa fue tras ella.

La velada estuvo tranquila, e inclusive Paula le dejo un C.D. a Camila, escúchalo le dijo, son buenos. “La Mano Ajena”, decía.

Ok. Le dijo Camila y la fue a dejar a la puerta.

INTERLUDIO 5:

Diario de Marcia hace seis meses y vuelto a ver el sábado en la noche:

Quiero dejar de escribir cosas oscuras, cosas de ti y de mí.

Mi ánimo está por el suelo, escucho y escucho Maria, derrumba mi rumba.

Pasión gitana, bastarda.

Quiero ver tu rostro y que bailes para mí.

Aunque no te vea, nunca más mi maldito rumbero.

Llegó el lunes, y el avión partía a las cuatro de la tar­de. Marcia llegó temprano al aeropuerto, en su afición de dejar todo ordenado, no alcanzó a almorzar así que partió a ver podía comprar para comer. Se sentó en un costado a comer unas papas fritas.

Miró la hora y Camila no llegaba.

Se apresuró a entregar el equipaje y esperar.

Camila se levantó tarde, había tenido malos sueños.

A veces le asustaba, el pensar que había pasado si no hubiera tomado demasiado en esa ocasión en que Anto­nia, se le declaró. Sólo, por experimentar.

Temía, de sus propios sentimientos.

Nunca se había enamorado.

No si lo había hecho, pero el play boy con que estuvo un tiempo, se había portado excelente en la cama. Sin embargo ella no era la única.

A él le gustaba, regalar amor.

Era todo un galán, pero de esos machistas y engreídos.

Tanto la afecto, el soñar con Roberto y Antonia que se atrasó.

Eran las tres y cuarenta cuando llegó al aeropuerto. Hizo la fila apurada y cuando se voltio se encontró con Marcia quien le dijo seria y levantando una ceja: “Lle­gas tarde.”

Las dos rieron, se habían limado las asperezas.

Sin embargo, no sabían lo que les esperaba en es viaje, algo que definitivamente las cambiaria a las dos.





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INTERLUDIO 3:

Sacado del diario de Camila, y escrito anoche:

La liturgia de ojos tristes me persigue, me dice que debo tener fe, creer en algo.
Pese a que el dragón de la montaña me convirtió el corazón en piedra.
Debo dejar de encandilarme con la modorra tristeza, y empezar un nuevo camino. En donde no exista nada sólo yo.


Camila se dio vuelta y clavo sus ojos en Marcia, llegas tarde le dijo.
Marcia recordó el pequeño incidente del aeropuerto y cambio totalmente su concepción de hace unos instan­tes. “Maldito demonio” musitó.
Camila, quien coordinaba los pasos a seguir en la re­unión con Helena, no escucho.

“Bueno, señorita periodista necesitamos su informe,” dijo Camila.
Marcia se paró, se acomodo el traje dos piezas marengo y se tocó la punta de la camisa cuello alto, que siempre le gustaba usar.
Con frialdad, procedió a explicar los pormenores de su viaje al sur.

“El miedo de la gente al no explicarse lo que pasa, con­trasta con las explicaciones científicas”, indicó.
“Pero creo que ni siquiera los expertos saben bien que es lo que pasa” sus ojos se cruzaron un instante con los profundamente azules ojos de Camila, bajando la mira­da rápidamente.
“Creo que los diarios locales en una primera instancia hicieron eco del miedo de la gente y lo único que contri­buyeron es en aumentar el miedo colectivo” terminó por decir.
Helena, intervino diciendo que los medios tienen el deber de informar a la población y hacer eco de sus demandas.
Camila, miraba con atención y se centró en la fragilidad que le provocaban los movimientos, contrastada con la vehemencia en sus palabras, por parte de Marcia. Des­pués de un lapso, interrumpió a Helena, diciendo: “Eso esta bien.

Sin embargo, es necesario también incentivar el turismo en la zona y hacer crecer las oportunidades económi­cas.”

Helena, la miro, por fin sabía a lo que iba.

“Mira, yo creo que tu revista y mi consultora pueden llegar a un buen trato. Tú tienes sacas tu noticia de una forma no alarmista y nosotros te ayudamos para que se haga una investigación, aún más profunda.” Se apuro en decir, Camila.

Terminando con: “Esta sociedad puede tener muchos dividendos a futuro”.

Mientras, Camila y Helena discutían, Marcia se ima­ginaba a la muerte, quien le saludaba como a un niño. Y sin más, ni más con su guadaña, mataba a Camila y Helena. Mirando a Marcia, la muerte le decía: Ya está. Marcía seguía en la luna, mientras tanto, Camila y Helena

seguían hablando. Helena pensó rápido y dijo: Marcia, te vuelves a Aysén. Marcia, la miro atónita. Alguien entonces deberá, encargarse

de los gastos le dijo a Camila. Camila, suspiro y dijo “Yo viajo con ella.”Marcia, vio como la guadaña cortaba su cabeza.

Noticia de la mañana:
SEGUIDILLA DE TEMBLORES EN AYSÉN CAUSAN ALARMA EN POBLACIÓN

Tres temblores, de intensidades de entre tres y cinco grados en la escala internacional de Mercalli, causaron alarma en la sureña Región de Aysén, afectada por una ola sísmica desde el pasado enero. Los temblores, ocurridos en la noche de este viernes, no causaron víctimas o daños de consideración, precisó un informe de la Oficina Nacional de Emergencia (Onemi). El pasado jueves, otra serie de cuatro sismos sacudió la misma zona en un lapso de sólo media hora. La primera sacudida de tierra se produjo a las 19:22 horas (23:22 GMT) y alcanzó una intensidad de cinco grados en Puerto Chacabuco, a unos 1.500 kilómetros.de Santiago, mientras en el vecino Puerto Aysén se regis­tró con grado cuatro y en la capital regional, Coyhaique, a unos 60 kilómetros al este, con grado tres.


Bueno, entonces tendrá que arreglarse todo para el lunes dijo, Helena. Marcia, quien todavía no entendía nada, tomó su bolso e hizo un gesto de despedida saliendo de la sala. Camila, se apuró y se encontró con ella en ascensor. “Creo, que mi presentación en sociedad, no ha sido muy agradable” Dijo, entre risas.

Marcia, vio un dejo de ternura en los claros ojos de Cami­la, algo que hasta el momento no había visto.

“A veces soy muy vehemente, pesada y agresiva... hola soy Camila Rocco” y extendió la mano en señal de saludo.

Marcia sonrió, haciendo que destacaran, aún más sus pe­cas, cosa que Camila, notó.
“Si... a veces pasa,”
dijo mirando de reojo a Camila.
El silencio se apodero del lugar, hasta que sonó el marca­dor que les indicaba que llegaron al primer piso.

“Bueno me tengo que ir, dijo Marcia, chao”.
Apuro el paso hasta la puerta. Ya en la calle, se dio cuenta de su reacción, fue la de un gato engrifado, la misma que ya había tenido antes movio la cabeza.
Camila, se encogió de hombros y caminó hasta el estacio­namiento cuando recibió una llamada de Paula.

“Hola, Camila estoy con Antonia ¿te acuerdas de ella?”
“Si” contesto seria Camila.
“Estamos fuera de tu casa, te falta mucho” dijo Paula.
“Como media hora… pero…” cuando, la interrumpió, Paula “

Ya pedimos comida china”
OK. Dijo, Camila.
Camila suspiro.
Desde que salieron del la universidad que no veía a Antonia, no era que no le cayera mal, lo que pasa es que desde un principio gestos y la forma de actuar de Anto­nia la incomodaron.
Cómo que la atacara verbalmente estando bajo los efec­tos del alcohol o que cuestionara sus acciones y forma de ser.
Recordó una en particular.

INTERLUDIO 4:

Recuerdo de Camila:

Hicieron buenas migas bastante rápido por lo cual Ca­mila, invito a Antonia a la casa de uno de sus amigos.
Esos que venían del norte que eran su condena y su catarsis al mismo tiempo, ya venían con unas copas de más y la fiesta estaba bastante a tono.
Camila se media en todo pero con sus amigos se relaja­ba.
Converso con mucha gente esa noche, parecía otra per­sona riendo y bailando, hasta que se puso a conversar con Milena, amiga del dueño de casa.
Animada estaba la conversación hasta que se dio cuenta que Antonia la miraba insistentemente, no lo tomó muy en cuenta, hasta que cuando se paró al baño, Antonia la abordó.

“Me tienes loca” le dijo.

“Me gustas mucho” le dijo acercándose aún más.

A Camila el gesto le pareció de una infinita ternura.
Sin embargo, no estaba en condiciones físicas, ni men­tales para recibir esa clase de declaraciones.
“Lo siento, estoy muy curá” le dijo.
Y partió al baño a vomitar.
Al par de días, Camila, quiso aclarar el incidente y An­tonia le bajo totalmente el perfil, cambiando totalmente, la versión de los hechos.
De allí para adelante la relación fue de altos y bajos, Camila atribuyo el hecho a la inmadurez de Antonia, y no pesco más.





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Sabía perfectamente que tenia que convencerla, ya que podrían modificarle aunque fuera el titular, cambiándole todo el significado de su trabajo. Le preocupaba la línea editorial amarillista, que había tomado la revista en las últimas semanas debido a la baja en las ventas. Al llegar a la revista, Marcia pasó directamente al despacho de su editora. Se habían conocido el día que Marcia llegó hace algunos años a hacer la práctica a un diario. Se odiaron en un principio. Mejor dicho, Marcia, la odio en un principio, Helena, era muy directa y a la semana le dijo que ella no tenía madera para escribir en ese medio. “Tu escribes para Las Últimas Noticias, acá necesitamos gente con un mejor manejo del lenguaje” Le dijo esa vez. Marcia apretó los dientes y se tragó el orgullo. Miro directamente a los ojos a Helena y le preguntó “¿Cómo puedo mejorar?” Helena, suspiro como diciendo no tienes arreglo, “Mejora tu redacción, por favor... Ah y los acentos también” Marcia se puso aún más colorada. Al llegar a la pensión lloró como una magdalena toda la noche. Con el tiempo Marcia mejoró, se pulió hasta convertirse en una promesa. Helena nunca olvido el esfuerzo, años después, al ver el currículo en su escritorio no dudo en llamar por teléfono.

“Pasa, Marcia” Dijo Helena, al sentir a la castaña tocar su puerta.

“Niña toma un poco de sol - fue lo primero que dijo-, estas pálida, ya se que no te gustan tus pecas, pero estas demasiado blanca”

Marcia levanto una ceja y se rió.

“Bueno, bueno como te fue en el sur” preguntó Helena.

INTERLUDIO 2:

Sacado del diario de Marcia:

Esperanzada e ilusionada con un ideal, tocó el timbre reiteradas veces, traía el alma en vilo, esperando una pronta respuesta.
No sabía que su ansiedad no sería retribuida.
Al otro lado del umbral de puerta, él la vio llegar.
Sacudiendo la cabeza frunció su seño, se alejo rápida­mente.
No pensaba abrirle la puerta.
No estaba dispuesto a escuchar, su perorata sin sentido.


Ella se fue como su adolescencia en un suspiro, sus ojos pardos se entristecieron. “Bien” dijo Marcia. “La verdad es que los temblores no tienen una explicación aparente, creen los geólogos que se viene una actividad volcánica. Aunque los volcanes cercanos no tienen ningún rastro que querer hacer erupción”.
“Y que hay con la posibilidad de que haya una falla sísmica” se apresuró en preguntar, Helena.
“No es seguro” dijo Marcia.
“Pero existe la posibilidad, ¿no?” inquirió Helena.
“Si”, dijo Marcia.
En eso, sonó el teléfono. Era Camila. “Hablo con Hele­na Tapia”

“Si,” dijo Helena. ¿Con quién tengo el gusto?
“Camila Rocco, encargada de campañas de la consul­tora Multimagen”.
“Bueno en que puedo ayudarte”, dijo sin rodeos Hele­na.
“Me entere por medio de gente del Gobierno Regional que están haciendo un reportaje sobre la zona de Aysén. Estamos encargados de hacerle la campaña de turismo a la zona”.

“¿Y?” preguntó Helena.

“Es muy importante... ver el tono que le están dando a la noticia, ya que podría ser de beneficio mutuo, para la consultora y su revista. ¿Qué tal le parece una reunión con usted y su periodista encargado hoy a las seis de la tarde?” Se apuro en decir Camila.
“Esta bien, nos vemos adiós”, dijo no de muy buena gana Helena cortando el teléfono.
“Tenemos una reunión en la tarde,” le dijo a Marcia.

Marcia salió de la oficina de Helena, cuando se encon­traba en el umbral de la puerta escucho “Trata de venir un poco formal”.
Marcia, ya sabia que significaba eso, no era una simple reunión, si no, una lucha de estrategias.

“OK.” Dijo y cerró la puerta.
Al llegar a la casa, después de almorzar.
Marcia, buscó su ropa y la arregló. Posteriormente procedió a darse un baño de tina, el cual necesitaba hace varios días.
Tanto se relajo, que no se dio cuenta que se le había he­cho tarde, apurada se vistió y pinto rápidamente, deján­dole el secado del pelo al viento.
Al llegar a la revista pasó primeramente por el baño y terminó de arreglarse la chasquilla, cuando salía del baño, se encontró con Helena quien parecía un león enjaulado.
Mira la hora, Marcia; son las seis un cuarto, la persona que vino a la reunión llegó puntual y se esta poniendo impaciente.

“Lo siento,” dijo Marcia, apurando el paso.

Al abrir la puerta, se encontró con la espalda de Camila quien miraba la ventana, la miró unos segundos, pudo contemplar la esbelta figura y el lacio cabello castaño claro.
Es un ángel, pensó para sí.






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“Relájate mujer” siempre le decía Paula.
En el fondo se respetaban y querían muy fraternalmen­te, la primera pese a su seriedad y su severidad consigo misma, no juzgaba a Paula e inclusive le divertían sus historias y la otra siempre sabía que Camila, le daría la palabra más directa y sincera.

Camila, ¿Cómo estás?
Bien - contestó, Camila sin muchas ganas -
“Claro…… Oye ya po´, sale un rato mujer, despabílate y búscate un mino”.
”O tal vez necesitas ampliar tus horizontes”.
!Qué ¡ vocifero Camila.
“Veo que hay cosas que no cambian, mira juntémonos el sábado.
¿Te parece? Bueno, ya chao.” Dijo rápidamente Paula, cortando el auricular.

Camila, se quedó pensativa con el teléfono unos se­gundos, hasta que llego Armando y la vio pegada en el teléfono. “Y a ti. ¿Qué te pasa?” le preguntó. “Nada, métete en tu vida”. vocifero Camila. Dándose cuenta que le había gritado a su jefe. Tomó su cartera, arreglan­do sus cosas.

Armando, se encogió de hombros “andará con la regla” pensó.

INTERLUDIO 1:

Sacado del diario de Camila:
Cómo desearte si no te veo, si no te escucho, si no te siento.
Cómo amarte si estas tan cerca, pero tan, tan lejos, si no soy nada, si no soy nadie.
Tú, maldito fantasma que me atormentas respirándome metafóricamente al oído.
Pero es mentira, por qué no existes, no te veo, no te siento, no te escucho.
Sin embargo, siento tu risa burlesca y veo tus mil caras, tus brillantes ojos de muchas formas, de muchos colo­res.
Veo como me coqueteas sin poderme inmutar para des­pués reírte de mí, a destajo.
Eres un ser maldito.
Tentándome eternamente.
Te odio, Eros, Afrodita, Vanadis o cómo sea que te lla­mes.
No obstante, todavía espero por ti.


“Camila que bueno y agradable que te encuentro toda­vía acá.(Camila quedó descolocada, frente a la reacción tan light de su jefe)
Mañana en la tarde tendremos una reunión con gente del gobierno, quieren que hagamos una campaña para incentivar el ecoturismo en la Región de Aysén.
Tú sabes la onda de la patagonia y eso. Sin embargo, con los recientes temblores el turismo ha decaído en un 70%”

¿Y? - preguntó Camila, sin entender nada, pensando en lo zalamero que podía llegar a ser Armando cuando que­ría, se lo imaginaba como un bufón medieval, o mejor dicho un elfo doméstico de Harry Potter, se rió.

“Bueno, continuó Armando, hay una revista que fue recientemente, todavía no sacan la nota, y quiero que te reúnas con la periodista y la editora”.

“Por qué yo, si sólo soy diseñadora, y no tengo nada que ver con eso” - Contestó Camila

“Eres la nueva jefa de campañas creativas de la con­sultora, necesito que hagas un estudio para enfrentar la campaña”
“Eso me significa mejoras en el sueldo, o es puro títu­lo” Preguntó riéndose Camila.
“Por supuesto que habrán regalías. Claro.. que esta, es una campaña difícil”
Camila apretó los dientes y suspiró “Mmm… Nada es fácil contigo, qué tengo que hacer, además de ¿ver en qué están?”

“Sólo eso por ahora” Dijo Armando saliendo de la sala.

Camila, se volvió a llenar la copa con champaña tomán­dosela a grandes sorbetones, qué puede salir mal pensó,es una simple campaña con la cual llenaré mis expectativas de irme de Chile.

Una sonrisa chueca, se dibujo en su rostro. “Si, dijo. Me iré de aquí”

Marcia despertó con la cabeza más despejada, ya tenía ganas suficientes como para ordenar el material que ha­bía recopilado en Aysén. Cuando sintió un ladrido más semejante a toser al lado suyo.
“Tienes hambre, Galadriel” dijo, mientras el animal miraba con voracidad la taza de café con leche que tenía Marcia, en sus manos.
Al darse cuenta, se río.
Cómo puede haber un perro, que le guste más el café con leche que un pedazo de carne. Mi mamá, como malcría a los perros pensó. Esta lo tiene, por herencia.
La mamá de Galadriel, Arwen. Era cosa sería, una se­ñora hecha perro. Hasta tomaba cereal en las mañanas, hasta que el veterinario, le dijo a la mamá de Marcia, “La leche, le agusana la guata a los perros.”
Nunca más leche, sin embargo, todos los hijos de Arwen, tratan de robarse cualquier cosa que contenga lactosa.

“Bueno allí tienes tu alimento y agua”, el animal le movió la cola, todavía con esperanzas de que le diera un poco del contenido de la taza.
Marcia se fue a duchar, pensando en como afrontar el reportaje y decirle los pro y los contras a su editora.






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Sin embargo no fue acostarse, sino rumbo al computa­dor abrió el archivo que llevaba meses tratando de hilar.

El texto decía:

Pétalo negro:

Capitulo uno: Todo al revés

“La volví a ver está vez en el metro.
Sin embargo, no me esperaba que la tendría tan cerca, mucho más de lo que me imaginaba.
A mis 23 años me habían pasado muchas cosas y real­mente mi alma era como de un abuelito, toda gastada.
Sin embargo, la cabellera negra en el fondo me había reestabilizado.
Llegue al departamento que arrendaba después del famoso incendio, cuando escuche una fuerte discusión en el departamento de arriba.

Yo había llegado allí sólo hace unos días.

Intentaba tener un poco de calma a mi alma.
Decidí ponerme a leer algo entretenido mire mi mesa y solo estaba “El péndulo de Foucault” de Umberto Eco.
Mmmm…. Pensé lectura liviana.
En eso la discusión se hizo más fuerte se escuchaban gritos.
Cuando de repente escuche un disparo.
Salí tontamente a ver que pasaba al pasillo cuando cho­que con alguien que venía bajando a toda prisa.

Era ella.
Sin saber, su pie se había enredado con el mió. Al tratar de seguir su huida descomunal topezazos y caímos por la escalera.
Quedamos frente a frente. Sin nada roto pero con un tremendo dolor de espalda.
Me miró con sus enormes ojos azules y me beso. Quede embobada.
Tanto que no atiné a nada.
Se paró y se fue, corriendo como llamada por el diablo.
Yo volví como pude a mi departamento.
Cuando la bulla volvió.
Habían herido gravemente a alguien en el piso de arri­ba.”


Nunca voy a terminar esta bobada, pensó Marcia a las tres la mañana. No sé, realmente por qué la escribo.

Camila, llegó a la reunión con dos minutos de retraso. Se espantó al ver que antes de haber una junta importan­te, la mesa estaba llena de comida en lo que pareciera ser un vituperio colegial. Habían empanadas y canapés, más dos botellas grandes de Champaña.

“Felicitaciones, Camila” Se acerco, Armando.

“Felicitaciones de ¿Qué?”, dijo Camila.

“Te ganaste la cuenta, 20 millones de pesos”

“Y la reunión” dijo Camila. “No era con este cliente, ¿Qué pasó?”

“Le gustaron tus bocetos... y mi desplante, no hubo necesidad de reunión, lo siento, y no hubo tiempo para avisarte. Lo que si quiere reunirse contigo y su grupo de gente el miércoles”.

Camila quedó atónita, por fin se había ganado la cuenta que tanto le había costado. Sin embargo pensaba que el esfuerzo no era 100% de ella, que Armando, algo estaba tramando o simplemente el trabajo no era muy valorado.
Dejó su bolso, y atinó a tomar una copa de champaña y sacar unos canapés, cuando recordó que no había co­mido nada desde que salió de Iquique en la mañana. En eso suena su celular, era Paula.
Se conocieron el primer año de diseño, y aunque es­tudiaban cosas aparentemente distintas, pronto encon­traron puntos convergentes. Se hicieron rápidamente amigas, nadie podía entender cómo.

Camila, seria, estructurada, siempre alejando a los hom­bres con su franqueza y más aún con su frialdad. Paula, en cambio era relajada y veía al mundo como un juego, en donde cualquier ser interesante, podía pasar un rato agradable con ella.